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22a decidió abrir la temporada 1999-2000 con un convidio alejado de la formalidad de las inauguraciones de arte oficiales. El Espai 22a se convirtió así en una especie de bar-restaurant, que, sin embargo, se mantenía distante de las pretensiones de la llamada estética relacional. El encuentro derivó, a final de cuentas, en un debate sobre la situación del colectivo artístico en Barcelona.  
 
Óscar Abril Ascaso es un artista barcelonés dedicado a la exploración formal y conceptual con el sonido. Los Proyectos MRP (Metareference Projects) investigan las posibilidadess metarreferenciales de los fenómenos sonoros a través de diversos experimentos. El experimento MRP núm. 3 partía del hecho de pronunciar la frase siguiente: "El sonido se propaga mediante un movimiento ondulatorio longitudinal". La propuesta incluía una performance, una sala de audición, la edición de un cd, y la presentación de una serie de paneles explicativos sobre el trabajo de Abril Ascaso, presentados con precisa y sibilina minuciosidad.  
 

La exposición Reflex presentó la obra de los artistas Àngel Corral y Stéphanie Majoral, en el marco de la Primavera Fotográfica de 2000 . Eran los trabajos de unos artistas que utilizan la fotografía como un medio más para abordar sus planteamientos conceptuales, en esta propuesta vinculados a la relación entre mirada e imagen a través del motivo del reflejo.

Stéphanie Majoral (Montpellier, 1966) presentó una única pieza de grandes dimensiones. Era la fotografía de un ojo que ocupaba todo un paño de pared de la sala. En el iris del ojo se podía ver reflejada una ventana. El espectador quedaba sumergido en el mirar del ojo que, al mismo tiempo, remitía a la exterioridad prometida de la ventana.

Àngel Corral (Barcelona, 1961) mostró una serie de fotografías de interiores domésticos a partir de sus reflejos en la pantalla del televisor omnipresente en estas estancias. Eran unas obras pertenecientes a la serie Reality Channel, en las que la ventana televisiva invade, muy sutilmente, el espacio de nuestra realidad inmediata. No obstante, no hay en estas fotografías una óptica que haga evidente lo que se ve, sinó más bien un tratamiento sutil y ambiguo de la imagen, un punto de vista distante que casi esconde la procedencia de las imágenes.

 
 
 

 

 

 

Joaquín Gañez transformó el espacio galerístico en la ruina de una siniestra fiesta. Perdidas las ilusiones y pretensiones del purismo abstractizante de cierta modernidad, Gáñez buscaba revisar, distanciadamente, la función de la obra de arte y su envoltorio espacial y legitimador. Los dibujos y manchas de tinta, repartidos por doquier, creaban formas que evocaban pictogramas de extraña intensidad visual e icónica.  
 
La globalización ha permitido que, de forma legal o ilegal, los ejércitos o milicias de distintos pueblos y naciones puedan hacerse con material bélico para exterminar a gente de otros pueblos y naciones. Harald Fernagu es un joven artista francés cuyas propuestas subvierten los mitos que hemos generado alrededor de las guerras contemporáneas. Este creador elabora unas fotografías de temática bélica que, pese a su aparente realismo, no están exentas de ironía. Se trata de unos trabajos que inevitablemente nos remiten a los conflictos armados de la península de los Balcanes. No obstante, si se observa con cuidado estas fotografías, se puede constatar que las armas no son de verdad, sino que son copias de juguete que el propio artista ha elaborado con la finalidad de utilizarlas como elementos de atrezzo. De la misma manera, los combatientes que aparecen en la imágenes no son verdaderos soldados, sino que son pordioseros ataviados con uniformes militares. El sufrimiento se hace evidente en sus rostros y cuerpos demacrados.  
 
Núria Membrado (Barcelona, 1972) presentó en Proyecto para sala de juegos una serie de obras colgadas del techo y realizadas en materiales diversos que se semejan a extraños, o quizá familiares, organismos. Pasada la inicial contemplación, estas obras invitaban al juego, a la actividad física, al baile o la acrobacia.